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Emprendimientos Gastronómicos: apostar al mercado gastronómico argentino

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Con los restaurantes Giulia y Bond, Brenda y Mauro Bianchi, los hijos de Carlos Bianchi debutaron en el sector gastronómico como emprendedores. Invirtieron $ 1,7 millones

Un viejo axioma que circula en el rubro gastronómico sostiene que cuando se quiere romper una relacion familiar o de amistad con alguien, lo ideal es armar una sociedad y poner un restaurante. Si bien hay ejemplos que lo contradice (tal es el caso del grupo Quintiero o la familia Piegari, por citar algunos), también es cierto que hay muchos nuevos emprendimientos gastronómicos que terminaron con las persianas bajas y la relación, ya sea de amistad o familiar, disuelta para siempre.

En tal sentido, y como otro ejemplo que contradice esa "máxima" nunca comprobada fehacientemente, Brenda y Mauro Bianchi – hijos del técnico de fútbol más ganador de la Argentina, Carlos Bianchi– desembarcaron en el rubro gastronómico con dos emprendimientos propios " Fue una jugada fuerte. No sabíamos nada del rubro gastronómico", afirma Mauro. "Lo único que sabíamos del tema era sentarnos y pedir la carta", cuenta, entre risas, su hermana.

Giulia y Bond (este último en sociedad con un ex director financiero de Socma) son los nombres de los restaurantes de los hermanos y apuntan a un segmento bien definido como es el ABC1. Y si bien significa el primer paso de los Bianchi en el sector, no será el último. Según los entrepreneurs, el próximo año los encontrará en plena apertura de nuevos restaurantes a fin de conformar una cadena gastronómica.

Mauro cuenta que para este objetivo "estamos buscando terrenos en varias zonas de la capital, pero sin definirnos por alguna concretamente. La idea es aprovechar estos tiempos de estabilización de los precios en el mercado y abrir nuevos emprendimientos gastronómicos. A partir del año que viene apuntamos a formar una cadena de restó con la marca Giulia".

Otro de los proyectos en los que también incursionarán los hermanos será en la construcción de oficinas y lofts en la planta superior del restaurant ubicado en Belgrano. "Serán diez oficinas y dos lofts para alquilar. Los construiremos sobre los cimientos de la parte nueva de Giulia. En este caso en particular, queremos aprovechar la revalorización inmobiliaria de esta zona de la capital", revela el entrepreneur. 
CON TIEMPO PARA PENSAR. "La idea de poner un restaurante nació en el año 2000 mientras viajábamos a Japón, cuando fuimos a ver la final de la Copa Intercontinental entre Boca Juniors y el Real Madrid", señala Mauro, el mayor de los hermanos.

Un papel fundamental jugaron las 36 horas de vuelo que les insumió llegar a destino: los hermanos (que pasaron la mayor parte de su vida en Francia siguiendo los destinos deportivos de su padre) pudieron pensar tranquilamente en todos los detalles, hasta los más mínimos, del negocio que pretendían poner en funcionamiento una vez que regresaran a la Argentina.

Y así fue como un oportuno cruce con los hermanos Quintiero (Fabián y Christian, propietarios de reconocidos restaurantes en el barrio Las Cañitas), les permitió encontrar a los jóvenes emprendedores una casa "tipo chorizo" de más de 60 años en la zona del Bajo Belgrano (Sucre y Figueroa Alcorta) que, remodelación mediante, se convirtió en el primer local de los Bianchi: Giulia. 

El Grupo Quintiero también brindó el know how necesario a los nuevos y jóvenes empresarios de la gastronomía para poner en marcha el negocio. El local abrió sus puertas en julio de 2002 y cuenta con un promedio diario de 90 personas. El valor del cubierto puede llegar a los $ 50. La decoración ambientada en los años’60 dominó desde un principio la escenografía del lugar.

"Encontramos el terreno y la casa en el momento justo. Con decir que comenzamos las obras de remodelación el 17 de diciembre de 2001, con los saqueos a la vuelta de la esquina. No me olvido más", recuerda Mauro. "En total invertimos unos $ 500.000 para poner en marcha el primero de los restaurantes", completa. 

FUNCIONES. Así como los hermanos Bianchi tuvieron en claro la idea de negocio que desarrollarían en el país una vez que el avión los trajera de vuelta en la Argentina, también tuvieron en claro las funciones que cada uno iba a desempeñar una vez que estuviera en marcha el proyecto. 

Brenda se ocuparía de todo lo binculado a las relaciones públicas y a la imagen del restó, explotando su mayor exposición mediática. En tanto, Mauro, con el título de licenciado en Administración de Empresas bajo el brazo y después de haber trabajado como analista financiero en el holding Socma (Sociedad Macri), se dedicaría a atender a los proveedores y a llevar el control administrativo y financiero del emprendimiento. "Dividí el restaurante en áreas financieras independientes con un presupuesto asignado para cada sector que trato de cumplirlo al máximo", explica el empresario de 33 años recibido en Francia. 
Brenda, por su parte, dice que su función "por suerte" es todo lo contrario a la de su hermano. "Yo me encargo de las relaciones públicas, en la atención personalizada del cliente, en el día a día. Mi intención es que la persona que llega al restaurante se vaya contenta y bien atendida. Además, el cliente de Giulia sabe que puede venir tranquilamente en jogging o en traje y que se va a sentir cómodo igual. A eso apuntamos y por suerte la gente nos acompañó desde un principio", cuenta la entrepreneur, que también es maestra jardinera.

Personalidades del mundo del espectáculo local y deportistas figuran entre los clientes habituales de Giulia. 
Otra de las caracteristicas del restaurante de los Bianchi es la presentación de un menú en el que priman los platos de elaboración casera, donde se destacan las pastas y los postres. Un ejemplo es el tiramisú elaborado en base a una antigua receta familiar de la mamá de los entrepreneur, Margarita. Lo mismo ocurre con la crostatta de manzana, otra especialidad de la casa. "Como a nosotros nos gusta variar el menú, un día decidimos sacar la crostatta de la carta de postres. Fue tal el reclamo de los clientes que nos obligaron a ponerla de nuevo en el menú", cuenta, Brenda. 

A partir de los primeros días de marzo, un menú especialmente preparado para celíacos y personas con colesterol alto completa la oferta gastronómica del restó que debe su nombre a la abuela paterna de los hermanos. 

PRESTIGIO. Respecto a Bond, que se inauguró en abril de 2004 y experimentó un crecimiento del 30% en el volumen de clientes durante 2005, Mauro señala que es un producto totalmente distinto a Giulia. 
Entre las diferencias con el restó del Bajo Belgrano se destaca por ejemplo su conformación societaria. Aquí no sólo participan los dos hermanos Bianchi, sino que también forma parte del proyecto Ernesto Gáspari, un ex Socma que estaba al frente del área de Finanzas del Grupo de Macri. La inversión para poner en marcha el nuevo local ascendió a $ 1.200.000, según cuenta el empresario. 
Si bien el chef Martín Vigneau es el número uno de la cocina, como en Giulia, distintas especialidades internacionales dominan el menú de Bond, cuyo nombre tiene relación directa con los bonos financieros y no con el famoso agente inglés. 

Su estratégica ubicación sobre la calle Posadas, bajo la autopista Illía, también juega un rol fundamental. "Es un lugar de prestigio", afirma convencido Mauro. Turistas extranjeros de buen nivel adquisitivo, embajadores y políticos forman parte de la selecta clientela que visita asiduamente el restaurante. El valor promedio del cubierto oscila en los $ 80 por persona. 

EN EL NOMBRE DEL PADRE. Un tema que por su peso propio aparecía recurrentemente durante la entrevista con los hermanos Bianchi, era el de su padre, Carlos.

"Por suerte no nos pesó llevar el apellido Bianchi; al contrario, nos ayudó mucho", enfatiza Mauro. "Si bien es cierto que mucha gente nos miraba de reojo por ser los ´hijos de´, para ver qué hacíamos o cuándo nos fundíamos, también es cierto que se dieron cuenta de que no necesitábamos de papá Bianchi para llevar adelante nuestros proyectos", se encarga de aclarar Brenda, que agrega: "Desde que abrimos estamos en el restaurante todo el día, todos los días, nadie nos regaló nada". 

Afirmando los dichos de su hermana, Mauro sostiene que "no nos asusta trabajar, por el contrario. Cuando abrimos Bond salimos a jugarle de igual a igual a pesos pesados como Piegari o El Mirasol, que tienen más de 40 años en el sector. Nadie sale a competirles con tan pocos años en el medio como teníamos nosotros".
Un infarto en noviembre de 2003 obligó a Brenda a sacar el pie de acelerador y a tomar con más tranquilidad los avatares del rubro gastronómico. "Cuando arrancamos no sabía para dónde disparar, me tomaba todo a la tremenda, no paraba nunca. Y así me fue", señala la empresaria de 33 años. 

Un punto en el que coinciden y se ufanan de aclarar los empresarios es el de la férrea educación que les brindó el matrimonio Bianchi. Mauro afirma que "lo que nos enseñaron nuestros padres nos permitió manejarnos muy bien en el mundo de los negocios. Sobre todo cuando nos piden franquiciar la marca o pretenden asociarse con nosotros y llevar la marca al exterior, tal como fue cuando nos propusieron abrir un restaurant en Madrid y otro en México. Decidimos no hacerlo porque papá nos dijo que todavía éramos jóvenes y que teníamos tiempo para expandirnos de esa manera". En esos casos la palabra de Bianchi padre sirve de oportuno consejo ante el empuje que pretenden darle a su emprendimiento los hermanos. "Muchas veces — concluye convencido el empresario—, nuestro padre nos frena el embale. Y eso está bueno".   

Autor : Claudio Corsalini  Fuente: Revista Fortuna

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